La importancia de hacer visible lo invisible

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El dia de la visibilidad lésbica te propongo un juego, dime nombres de políticos hombres que sean homosexuales. Seguramente te vendrán a la mente Miquel Iceta, Jaume Collboni, Grande Marlaska o el inolvidable Pedro Zerolo. Ahora dime nombres de mujeres políticas lesbianas. ¿Como? ¿No te viene ninguno? No te preocupes.
Hay mujeres lesbianas en la política española, tenemos a la pionera Ángeles Álvarez, primera diputada del congreso que se declaró abiertamente lesbiana en un cercano 2013 o más recientemente a Ángela Rodríguez, actual diputada del congreso de los diputados y Vicepresidenta Segunda de la Comisión de Igualdad. Las lesbianas existimos en la política, la diferencia con nuestros compañeros es que a ellos se les conoce mediáticamente, ya sea por ser referente en la lucha LGTBI+ o por ser líderes políticos destacados, como cualquiera de nuestros compañeros heterosexuales.
La invisibilidad femenina es un mal compartido por todas las mujeres, ya sean heterosexuales, lesbianas, cisgénero, transgénero, racializadas, con diversidad funcional, etc. En el caso de las mujeres lesbianas, su lucha contra la discriminación se ve agravada por la invisibilización dentro del colectivo LGTBI+. La búsqueda de objetivos comunes como acabar con la homofobia o la conquista de derechos civiles hizo que las siglas LGTBI+ pudieran amparar a un colectivo heterogéneo, con múltiples sensibilidades y necesidades pero en el camino nos dejamos la visibilidad de todas las letras y el movimiento fue liderado por hombres homosexuales. Conforme se iban logrando luchas comunes, se producía una doble velocidad en la conquista de derechos y mientras ellos empezaban a lograr visibilidad en el espacio público y el reconocimiento como grupo activo en la sociedad, las mujeres homosexuales seguiamos invisibles a todos los niveles.
La visibilidad que ganaron los hombres homosexuales también comportó una mayor exposición a agresiones, insultos y conflictos. Ciertamente, la invisibilidad femenina nos dotó de un marco de “seguridad”, esa frontera entre ser amigas a ojos de la sociedad y mantener una relación sentimental en el ámbito privado. La trampa de esta situación es que lo que no se ve, no existe y sobre lo que no existe no se puede actuar.
El feminismo ha sido una de las claves de la visibilidad lésbica al tratarse de un movimiento transversal, mientras que la lucha LGTBI+ contribuyó a que tuviéramos igualdad en materia de derechos civiles y se reconociera la legitimidad de nuestra orientación sexual, el feminismo consiguió poner en el mapa la realidad de las mujeres homosexuales. Como colectivo tenemos unas necesidades y problemáticas propias como la violencia sexual para “curar” nuestra orientación, la escasa información histórica y científica con perspectiva lésbica, la hipersexualización en el ideario masculino, la ridiculización sistemática de nuestra vida sexual, la ausencia de educación sexual dirigida a adolescentes lesbianas en institutos o centros de información para mujeres, la falta de referentes normalizados en el mundo de la cultural y la escasa visibilidad de mujeres lesbianas en multiples ambitos de la sociedad.
La solución va de la mano de estos dos movimientos, el feminismo es la herramienta que permite a las mujeres ganar presencia e influencia en el espacio público y el movimiento LGTBI+ es la herramienta que lucha constante por la visibilidad de otras orientaciones e identidades sexuales. El camino recorrido ha sido largo y duro pero no infructuoso y muchas de las reivindicaciones que tenemos las mujeres homosexuales van siendo escuchadas y respetadas.

El socialismo del S.XXI ha puesto al feminismo y la lucha de del colectivo LGTBI como uno de los ejes centrales de su política y aunque la situación dista de ser realmente igualitaria, el aumento de la presencia de mujeres en diferentes ámbitos de la sociedad es un indicativo de que vamos dando los pasos correctos.
En el contexto occidental, la lucha por la visibilidad lésbica consiste en ir ganando respeto y visibilidad en espacios sociales y de poder pero en contextos mucho más virulentos con los derechos de las mujeres, ser lesbiana es una doble condena que puede tener fatales consecuencias para la integridad física y emocional de muchas mujeres.
Nuestro modelo es una sociedad cada vez más abierta y plural, donde las problemáticas invisibles puedan hacerse visibles. Donde la heteronormatividad es lo común pero no la norma. Una sociedad donde dejen de preguntarnos quién hace de hombre y quién hace de mujer. Dónde nuestra vida sexual no sea motivo de duda o morbosidad. Dónde dejen de opinar si “se nos nota” o no nuestra orientación sexual. Un mundo donde dejen de violarnos en grupo como forma de curarnos o un mundo donde nuestra comunidad no nos excluya por negarnos a casarnos con un hombre.
Como organización política de izquierdas, progresista, feminista y abanderada de los derechos LGTBI no permitiremos ni un paso atrás en los derechos de las mujeres en general y lucharemos por visibilizar a las mujeres lesbianas como sujeto político con problemáticas y necesidades propias.
Artículo escrito por Lidia Gómez, compañera de JSC Baix Llobregat.

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